San Juan de Luz y País Vasco francés

El ambiente salvaje y verde del País Vasco mezclado con el encanto francés. Ir de pintxos y merendar macarons. Playa y montaña. Una mezcla entre dos países, Francia y España, pero  en el que sobre todo destaca la presencia de aires, costumbres y símbolos vascos.

Nuestro emplazamiento fue San Juan de Luz, un pueblecito de costa muy agradable y tranquilo. Como siempre cogimos una casa por Airbnb que resultó ser espaciosa, con una terraza acristalada para los días de lluvia y un jardín con huerto y gallinas incluidas (era compartido con los dueños, que estaba en la parte de arriba, aunque sin conexión con la planta baja donde estábamos. https://www.airbnb.es/rooms/4912842)

Tuvimos la suerte de ir en fiestas de San Juan, ¡no fue planeado! Así que todo el pueblo estaba decorado con los colores típicos de allí en fiestas, rojo y negro. La gente también se vestía de esos colores y la verdad es que recordaba mucho a las fiestas de los pueblos del norte de España (también en que la actividad básica era comer y beber, juas)

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En San Juan de Luz paseamos mucho, disfrutando tanto del paisaje de costa por el paseo de la playa como de las típicas coloridas casas vascas, con sus entramados de madera. Como edificios importantes están la casa de Luis XIV, el Casino La Pergola y la iglesia de San Juan Bautista. Fuimos a la playa los días de sol y cenamos un par de días por restaurantes del centro, donde destacaba el pescado y el marisco. También disfrutamos de las fiestas de San Juan comiendo y cervezeando en los puestos de las calles del centro (nos faltó ir de rojo y negro jeje) La gente es encantadora  y el ambiente muy agradable (mí única experiencia francesa había sido París y no tenía muy buena recuerdo de los parisinos… ¡esta zona de Francia parece un país distinto a la Francia de París! Es mi opinión personal…) 

*Nota femenina: la calle típica de compras es la Rue Gambetta. Algo se puede encontrar pero no fue mi caso, en cambio encontré una tienda vintage muuuuuy way donde sí que encontré cositas (y no sólo yo, ejem): Peppermint Park ¡Os la recomiendo! También valen la pena las espardeñas, que son típicas allí, hay muchísimas tiendas donde las venden. 

Si sois golosos, estando en Francia no podéis dejar de probar los riquísimos macarons. El sitio más típico donde comprarlos es Maison Adam, en la Plaza de Luis XIV, en pleno centro del pueblo. La verdad es que no los probamos allí porque son sin relleno y sin sabor, que parece ser que es la receta clásica, ¡pero a mí me pierde el chocolate! Así que finalmente los probamos en una tienda de Rue Gambetta, Pariès.

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Cara de culpabilidad (no fue el único macaron el viaje, jurjur)

El segundo día decidimos cruzar la frontera de vuelta a España para ir de pintxos por Hondarribia (Fuenterrabía en castellano) Suena raro cruzar la frontera para ir de pintxos, pero es que está cerquísima. La ciudad es muy bonita y pudimos probar un par de pintxos con varios premios, todos del mismo sitio: Gran Sol. Muuuuuuy recomendable.

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Daba gusto pasear por la ciudad sólo por ver las casas de colores con flores en todos los balcones, todo muy cuidado y respetado, típico del norte y que ojalá fuera igual en muchos otros sitios de España.

Para volver a San Juan de Luz volvimos por carretera en vez de autopista, y la verdad es que valió la pena por el paisaje. La luz y el verde del norte son sin duda especiales, las vistas nos invitaron a hacer una parada con el coche en el camino, en algún lugar entre España y Francia.

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El tercer día decidimos visitar Bayona, el centro neurálgico del País Vasco francés, su punto más al norte. Fuimos el día del mercado, así que compramos algunos productos típicos de la región, queso de cabra y mermelada de pimientos. El pimiento rojo es muy típico de allí y con él se hacen aliños, salsas, mermeladas, etc. Además había bastante ambiente alrededor del mercado, lo que fue una excusa perfecta para tomar un vino y unas ostras por muy buen precio.

Aunque es una ciudad más cosmopolita sigue teniendo el encanto común a toda la zona, con el estilo de las casas típicas vascas y además a orillas del río Nive, recordando algunas panorámicas a Amsterdan, con un toque decadente pero con mucho encanto.

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El día siguiente fue el más rural y resultó uno de los mejores. Queríamos ver algún pueblo del interior y por internet se recomiendan varios, pero decidimos elegir uno e ir a Sara para visitar sus cuevas y hacer una ruta de Sara a Zugarramurdi, un camino de no más de una hora y de una dificultad relativamente baja que cruza la frontera por medio de la nada.

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Cuevas de Sara

1468576783582Las cuevas de Sara se visitan con un guía que te cuenta detalles sobre su geología pero también mucha historia, ya que estas cuevas han sido ocupadas por diversos pueblos desde la prehistoria.

De allí salimos hacia Zugarramurdi. El paisaje, como no, verde y precioso.

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¡Hice un amigo!

En Zugarramurdi también visitamos sus cuevas, famosas por haberse celebrado en ellas los célebres  aquelarres (esta palabra de hecho nació allí) y una gran caza de brujas en el siglo XVII.

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Zugarramurdi, territorio de brujas, ñiiii.

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Eguzkilore, la flor a la entrada de las casas vascas, que las protege del mal.

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Cuevas de Zugarramurdi

¡Además en Sara pudimos ver a unos niños jugando un emocionante partido de pelota vasca!

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El quinto día decidimos volver a cruzar la frontera de nuevo para ir a San Sebastián. Ya habíamos estado más de una vez, pero los pintxos de allí son irresistibles y ¡¡nos pierde la boca!! Los pintxos con más premios de España están todos allí, en sitios como el Zeruko, el Gandarias o el Ganbara. Para bajar la comida siempre es genial pasear por toda la costa de Donosti, de oeste a este visitar El Peine de los Vientos en la falda del monte Igeldo, recorrer la playa de Ondarreta, La Concha, el paseo nuevo rodeando el monte Urgull y atravesar el río Urumea para ver a los surferos en la playa de Zurriola. Siempre está bien pasar por San Sebastián si se anda cerca.

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Un zurito y un pintxo… y a moverse a otro lado.

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Playa de La Concha

El último día (horror) visitamos Biarritz. Un sitio de veraneo de lujo, con palacetes como casa de verano de familias adineradas. Impresionante el Hotel du Palais, que fue en su día la residencia estival de Napoleón III y su mujer la emperatriz Eugenia de Montijo. Dimos un paseo por la costa visitando la Virgen de la roca y otro por la zona comercial con muchísimas tiendas, no todas muy asequibles…

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Si queréis como centro de operaciones un sitio con un toque más ajetreado que San Juan de Luz, Biarritz podría ser muy buena elección.

Y ese fue nuestro viaje por el País Vasco Francés. Desde luego faltan muchos sitios que ver, pero aprovechamos mucho tiempo para estar en la playa, pasear y descansar.

¡Esperamos que os haya gustado! Y que os sirva si decidís visitar esta zona que tanto hemos disfrutado.

LA COSTA AMALFITANA (ITALIA)

¡Un viaje de ensueño!

¿Qué es la costa amalfitana? Un trocito de costa de Italia debajo de Nápoles. No hablaremos de la historia, geografía, etc. Eso se puede encontrar en muchas páginas y blogs, wikipedia mismo (https://es.wikipedia.org/wiki/Costa_Amalfitana)

Es básicamente una serie de pequeños pueblos unidos por una carretera infernal para conducir  y preciosa para ir de copiloto (si podéis haced como Elena y que conduzca el otro) (jijiji) que va paralela a la costa de acantilados. Las vistas en este viaje lo son todo.

¿Cómo llegar? Lo que nos pareció más fácil fue volar Madrid-Nápoles (con escala en Roma pero muy corta) y en Nápoles alquilar un coche para llegar a Positano. Teniendo coche allí ya lo teníamos disponible para movernos por toda la costa.

Nosotros alquilamos una villa en lo alto de Positano por Airbnb (a Emilia), que resultó tener una terraza con vistas de todo el pueblo y la costa que parecían de postal. Desayunar, tomar un aperitivo o cenar viendo Positano y su costa en la propia casa donde estábamos… en fin, muy muy especial, y no es porque los dos no estemos acostumbrados a ver mar precisamente.

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Nuestra increíble terraza

La base de operaciones fue por tanto este pueblo, para nosotros el más bonito que vimos y el que tiene más vida, recomendamos totalmente alojarse allí. Desde Positano hicimos excursiones de medio día a Amalfi, Capri y Ravello. El último día (nos íbamos por la noche) lo aprovechamos para visitar Pompeya por la mañana y luego ya dirigirnos a Nápoles para comer una pizza y luego coger el avión de vuelta (el peor momento del viaje)

¡COSAS A TENER EN CUENTA!

Hay consejos que una vez que has ido te hubiera gustado conocer de antemano. 

La mejor época para ir es abril-mayo, que ya hace muy buen tiempo. Aunque no sea una zona muy masificada en general, en verano se pone hasta arriba y conducir por esas carreteras se convierte en un infierno.

Desde el momento en que aterrizas en Nápoles ya te das cuenta de que todo trámite, todo traslado, todo…todo va sin prisa. Mejor adaptarse y no enfadarse porque las cosas vayan lentas.¡Somos mediterráneos, no suizos! Y no hay ninguuuna prisa de nada.

La gasolina y la cerveza en Italia son caras. Puedes comerte una pizza por 7 euros con una cerveza que vale 6. (Yo hice un bote previo al viaje sólo para cervezas)

En Positano y la Costa en general no hay nada adaptado al turismo. Los autobuses pasan cada mil (cuando pasan), la información sobre transportes no está nada clara, si preguntas indicaciones te contestan en italiano y cada uno una cosa… ¿un caos? Sí, pero eso es lo que lo hace especial, el sur de la Italia profunda. La vida de los pueblos transcurre en paralelo, lo que da una sensación agradable de observador extranjero de algo auténtico.   

Es imprescindible tener aparcamiento si os alojáis en cualquier pueblo. Aparcar es complicado y caro hasta en la calle. Por no hablar de los taxis ( 20 euros por 5 minutos dentro del pueblo). Nosotros teníamos parking privado en la villa y fue la clave. En airbnb especifican si cuentan con ello o no.

Un recorrido en un día normal entre pueblos de 17 km supone media hora de coche como mínimo. Carreteras estrechas con autobuses que ocupan todo el carril, coches y motos a todo trapo… como hemos dicho, paciencia, no vale la pena enfadarse o mejor no moverse el pueblo (que es una opción muy válida también)

NUESTRO VIAJE PASO A PASO 

Día 1: Madrid –> Nápoles (con escala en Roma) –> Positano.

Muy pronto por la mañana llegamos a Nápoles y cogimos nuestro coche de alquiler (previamente reservado por internet) Recomendamos seguro a todo riesgo (muy probabalemnte rocéis el coche por las carreteras infernales y además los napolitanos se dedican a robar tapacubos para luego venderlos. (Sí, en serio)

Llegamos a Positano una hora y algo después y nos encontramos con Emilia para conocer nuestra villa. Impresionante, supimos en seguida que desayunaríamos todos los días allí , esa terraza no podía desaprovecharse.

Ese día conocimos Positano. ¿Cómo conocer Positano? Preparando las rodillas. Es un pueblo totalmente vertical en el que subes y bajas cientos y cientos de escalones. La otra opción es moverse en el bus interno, si te aprendes los horarios y te adaptas no es mala opción, nosotros lo cogimos alguna vez (sobre todo para subir de vuelta a casa, jeje). El taxi está prohibido, todos los viajes valen 20 euros aunque sean de 5 minutos.

Bajando y bajando hacia la playa hay muchas tiendas de ropa y puestecitos para entreterse un poco.

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Algo típico es el aperitivo. Si pides tu cerveza o bebida (es muy típico el Spritz, una cóctel a base de Aperol) te ponen en algunos sitios bastante picoteo. Así que cuidado si queréis cenar luego, con dos bebidas se le puede ir a uno el hambre… Un sitio chulo para tomar el aperitivo es La Brezza, en primera línea y con camareros agradables.

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El aperitivo que te ponen con una cerveza (6€) y un Spritz (7€) en La Brezza

Recomendamos un sitio para cenar (o comer) con emplazamiento perfecto (primera línea de playa pero apartado de la zona concurrida), comida rica, bien de precio y un vino de la casa barato (cosa imposible en Positano: cualquier tipo de alcohol barato): Lo Guarracino. ¡Pedimos pizza y nos pusieron esta en forma de corazón! Supimos que íbamos a repetir.

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Día 2: Amalfi

Nos despertamos prontito para desayunar en nuestra terraza de ensueño antes de coger el coche para ir a Amalfi (el día anterior habíamos comprado pan y todo lo necesario)

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Un buen pan y un buen tomate (que olía a tomate, no a plástico…) para un café y unas tostadas ricas con las mejores vistas.

De Positano a Amalfi hay 16 km y en coche se tarda 40 min. No cuadra, ¿no? Volvemos a recordar lo de las carreteras infernales… Pero vale la pena, igual que otros sitios quizás no, Amalfi es un pueblo bonito con encanto donde adquirimos Limoncello artesanal, mortadela italianay LA MEJOR MOZZARELLA QUE HEMOS PROBADO EN NUESTRA VIDA. Si os gusta la mozzarella no dejéis de comprar en la tienda especializada que hay allí, increíble.

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Catedral de Amalfi

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Más tiendecitas

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Tienda de Limoncello artesanal

Volvimos a casa a comer allí. Cocinamos una pasta buenísima (todas las que venden en cualquier supermercado estás increíbles, no vale la pena comprar en una tienda de pasta, es el doble de cara. Ahí fue cuando probamos la mozzarella que compramos y FLIPAMOS.

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Por la noche tuvimos la suerte de que había un Street food y todos los restaurantes sacaban puestecitos a la calle con comida y gente tocando música, bailando… ¡Muy divertido!

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Street food de Positano

Día 3: El sendero de los dioses (Il sentiero degli dei)

Nos gusta mucho caminar y oímos que había una ruta de senderismo muy bonita que salía desde Positano:El sendero de los dioses (Il sentiero degli dei). No estábamos muy informados y salimos muy confiados. La ruta resultó ser de 12km y nos costó toda la mañana hasta la hora de la comida. Una opción era acabar en Praiano o seguir hasta Bomerano. Nosotros optamos por acabarla en Praiano, lo que resultó ser más de una hora de bajar escaleras. Parece que bajar es mejor que subir, ¿no? Decídselo a nuestras rodillas… pero bueno, después de esa mañana nos premiamos con una pizza en Praino increíble.

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El sendero de los dioses. En Nocelle puedes hacer una parada en un chiringuito con vistas increíbles.

Esa noche nuestras rodillas nos pedían cenar en casa tranquilamente. Eso y que nos había sobrado mozzarella jijiji.

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Mozzarella y mortadela italiana. ÑÑÑÑÑÑÑuuummmmmm

Día 4: Capri

Capri en un sitio obligado para visitar en las guías. ¿Nuestra opinión? Una isla muy turística dónde sólo ves grupos enormes de extranjeros. No tiene la esencia del resto de la costa, no te sientes integrado en la vida de la ciudad. Bonita es, sí, pero yo vengo de Mallorca jeje. Está (a diferencia de Positano) muy enfocada al turismo, y quizás si no vais demasiados días se puede obviar la visita, aunque parezca pecado decir todo lo contrario que dicen las guías y cualquier página sobre la costa amalfitana.

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Viaje en barco Positano-Capri. Las vistas de Positano mientras te alejas valen la pena.

Los sitios para comer no eran de tanta calidad como en Positano. Sí que aprovechamos para comer unos helados bastante ricos.

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De obligada visita (también dicho por las guías) es la gruta azul. ¿Bonita? Preciosa. Peeeero… la forma de visitarla es subirte a una barca que llevan unos italianos que no paran de pedirte propina y cantar (sí, cantan) mientras te meten 5 minutos en la gruta con tropecientasmil barcas más. Si pretenden hacerlo romántico no lo es. Es una pena que la gruta no esté abierta para nadar dentro y disfrutarla como un entorno natural, no como una atracción de feria.

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En el interior de la gruta, el mar parece estar iluminado por debajo del agua. Esto se debe a otra apertura en la gruta, completamente sumergida y situada en la parte inferior de piedra caliza. Permite la entrada de la luz del sol iluminando el agua desde abajo

Día 5: Ravello y despedida de Positano

Ravello es una pueblo más interior y con estética medieval. Es bonito pero vale mucho menos la pena que Positano o Amalfi. Está más lejos además, y quizás conducir todo ese rato sólo para visitarlo… pero bueno, son opiniones personales.

Era nuestro último día en Positano y tomamos nuestro último aperitivo frente al mar y volvimos a Lo Guarracino, ¡el sitio de las pizzas en forma de corazón!

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Último aperitivo al atardecer.

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Lo Guarracino, totalmente recomendable.

Última noche en Positano y a hacer la maleta para prepararnos para nuestro último día.

Día 6: Pompeya y Nápoles

Nuestro avión salía por la tarde-noche de Nápoles, así que decidimos visitar Pompeya el último día (está de camino a Nápoles desde Positano) La verdad es que es enorme y está muy conservada toda la ciudad. Te haces una idea de cómo eran las casas, las calles, las tiendas… Interesante cuanto menos.

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Molde de una de las víctimas de la tragedia

A la hora de comer llegamos a Nápoles con ganas de probar la verdadera pizza napolitana, la cual no defraudó. Siempre oyes como adjetivo de Nápoles que es una ciudad con un toque decadente, algo que transmite una esencia como de ciudad con encanto. Nos pareció más bien una ciudad envejecida y destartalada, con una caos tremendo para conducir, sin carriles, con basura por todo, con edificios medio en ruinas… la verdad es que nos sorprendió muchísimo. Pero sí, la pizza estuvo increíble, jeje.

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Pizza napolitana

Y después de comer y un café fuimos hacia el aeropuerto (muy, muy, muy deprimidos por tener que irnos)

Y aquí acabó nuestro maravilloso viaje. Quizás hemos contado demasiados detalles que no le importan demasiado a nadie xD Pero también es una forma de guardar los recuerdos para nosotros.

Espero que os sea útil  si decidís viajar a este precioso lugar que recomendamos totalmente.